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13 Nov

Silencio e impunidad, otros delitos que rodean secuestro y muerte de Mary Luz Acosta

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La mañana del domingo 19 de agosto de 2012, la finca ‘Chubasquito’, jurisdicción del corregimiento de Cotoprix, municipio de Riohacha, como era de costumbre en cada semana, esperaba que su propietaria, Mary Luz Acosta Solano, llegara a visitarla para conocer las necesidades de los trabajadores y animales. A Mary Luz la esperaba una ingrata y desagradable sorpresa: varios hombres fuertemente armados habían amordazado a los trabajadores con el fin de secuestrarla, hecho que cometieron los delincuentes llevándose con ella al señor Ángel Rodríguez Mindiola.
Desde ese momento los familiares de Mary Luz solo pensaron que se trataba de un secuestro, mas no de un hecho tortuoso y mortífero que le iba ocasionar la muerte a la hija de Elida Pinto Solano, una mujer de origen monguiero y con buen pulso en la preparación del dulce de leche.
Entre marchas encabezadas por familiares y amigos de la pareja secuestrada y la mínima recompensa que ofrecían las autoridades de La Guajira para las personas que entregaran información del paradero de la pareja secuestrada, pasaron 84 días.
El domingo 11 de noviembre de 2012, en las horas de la mañana, los indígenas del kilómetro 25 (entre Maicao y Riohacha), zona rural de Aremasain, municipio de Manaure, encontraron a una persona con heridas producidas por arma de fuego. Luego de ser llevado a una clínica en Riohacha, se percataron de que se trataba de Ángel Rodríguez Mindiola, el mismo ganadero que había sido secuestrado al lado de Mary Luz Acosta.
La aparición de Rodríguez Mindiola abrió una luz de esperanza a los familiares de Mary Luz, pero al mismo tiempo cerraba el sentimiento presagiador que no todo estaba bien.
El martes 13 de noviembre de 2012, día no muy cabalístico en las creencias guajiras, familiares con el acompañamiento de indígenas de la zona encontraron sin vida a Mary Luz Acosta, luego de 86 días de secuestro. El cadáver de esta joven mujer, madre de tres hijos y egresada de la Universidad de La Guajira de la facultad de Administración de Empresas, estaba amarrado con cables y retazos de un chinchorro, oculto debajo de mangles, es decir, en el fondo de una laguna que lleva por nombre Atakarralu, ubicada en inmediaciones del resguardo indígena de Aremasain, zona rural de Manaure.
De los autores del crimen no se tiene información exacta, solo se conoce que una persona sospechosa se encuentra capturada en una de las cárceles del interior del país. A raíz de que no se sabe nada de los autores del atroz crimen, Elida Pinto Solano, madre de Mary Luz Acosta secuestrada, torturada y  asesinada por sus captores, expresaron su pública inconformidad por el no esclarecimiento de los hechos.
En comunicado entregado a esta redacción, la señora Pinto Solano expresa: “La evidente falta de interés de algunas autoridades para desenmascarar y dar captura a los autores intelectuales y materiales de ese crimen de lesa humanidad. Reconocemos el interés inicial del comandante de la Policía en La Guajira para identificar y capturar a esos desalmados y sus colaboradores, tal como lo prometió a los familiares, pero del mismo modo manifestamos nuestra extrañeza por su silencio posterior sobre el caso, lo cual merece una satisfactoria explicación”.
Las reclamaciones de la madre de Mary Luz Acosta continúan: “Estoy segura de que si mi hija hubiera sido agente de la DEA, seguramente los habrían capturado a todos, incluidos los financiadores, cómplices, investigadores y auxiliadores; o por lo menos hubieran ofrecido recompensa por información o por su cabeza; o si hubiese sido una secuestrada de nacionalidad española los resultados hubieran sido más positivos. Pero no, desafortunadamente su madre es una humilde trabajadora que solo aprendió a hacer dulce de leche y su padre fue un campesino que se ganaba la vida sobre el lomo de una mula cuidando unas vacas”.
Con dolor de madre, Elida Pinto muestra su descontento por los resultados de las investigaciones y al mismo tiempo exige una explicación a la justicia que lleva la investigación del caso de Mary Luz Acosta, el mismo que pareciera que se hubiera quedado bajo el lodo de la laguna de Aremasain, desde donde ha predominado el silencio y la impunidad.

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