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13 Dic

El nuevo amanecer de la familia Gómez Castrillón

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En la Sabana de Las Palmas, que él llamó y dio a conocer como ‘Las Palmas Guajira’, surgió el hogar engendrado por Rafael Gómez y Zunilda Castrillón de Gómez.
Ellos, temerosos de Dios, fundamentaron su familia sobre principios éticos y espirituales, dentro de un marco de respeto, tolerancia y honestidad. Allí predominaba ante todo el amor y ese empuje para siempre seguir adelante y luchar por los sueños y metas.
Sin duda, el viejo ‘Rafa’ era un hombre  emprendedor y trabajador. Luchaba incansablemente por el bien de su familia. Tenía un espíritu solidario, era el ‘tío-padre’ de muchos sobrinos para suplir la falta que, por algún motivo, los ‘dueños del compromiso’ no podían cumplir. He ahí la razón por la que lo llamaban ‘Papatío o Papáhubo’.
“Alegre, fiestero, pero sin ningún vicio”, así definen a Rafael Gómez amigos y familiares. Un hombre económicamente acomodado, pero con lo que poseía ayudaba a muchos.
La agricultura y la ganadería eran sus principales actividades económicas, funciones que le dieron la solvencia para sostener su hogar. Evidentemente esa esencia humilde y trabajadora la heredó su hijo Raúl Jacobo Gómez Castrillón, ‘El Gavilán Mayor’.
Y ella, madre de cuatro generaciones, no alcanzan las palabras para definir su carácter de mujer, esposa, madre, amiga.  “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?, porque su estima sobrepasa largamente a las de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, con voluntad trabaja con sus manos, se levanta aún de noche y da comida a su familia y ración a sus criados. Planta frutos con sus manos, ciñe sus fuerzas, sus lomos y esfuerza sus brazos, alarga sus manos al pobre y menesteroso, su lámpara no se apaga”, dice un aparte del proverbio 31; 10 – 31.
Sobre estos principios y en ese entorno, rodeado de valores y virtudes, amor y paz, nació y creció ‘El Gavilán Mayor’. Desde su niñez, su familia siempre era unida, como un cordón de tres dobleces, inseparables, seguros de su amor.
La luz de la felicidad brillaba siempre sobre la familia Gómez, pero un día, un fuerte viento les arrebató la luz y los trasladó hacia un hoyo negro.
Pero no nos enfoquemos en recordar hechos bochornosos, que en su momento socavaron la dignidad de toda una familia. Hoy el renacer del sol y el perdón de todos los afectados han devuelto la paz, porque no se puede ser feliz si aún nuestro corazón está adornado por las ofensas del ayer.
La familia Gómez se aferró a Dios, y gracias a él comenzaron a ver la luz al final del túnel. Comprendieron que sí se podía salir del hoyo negro e iniciaron un acuerdo voluntario que hizo posible la realización de una alianza de paz, que sirvió de ejemplo y fue puesta en práctica por otras familias en situación similar.
Esto fue una lección de aprendizaje, no solo para la sociedad de La Guajira, sino para toda Colombia, que aprobó en ese entonces el alto comisionado para la Paz, Horacio Serpa Uribe.
“Este pacto de paz ha sido respetado por ambas familias, y por nosotros será por siempre”, manifestó un vocero de la familia Gómez.
Hoy reiteramos que esta manifestación de paz se encuentra vigente y radica en los descendientes jóvenes e incluso en las futuras generaciones.
El amor hacia Dios es ahora su fundamento de vida. Los golpes le han enseñando que con la venganza no se obtiene nada. Además, captaron el significado del perdón y de perdonar.
¿Por qué recordar los malos momentos si eso no nos aporta nada? “El pasado sirve de base al presente, como los muros del primer piso de hoy que sostienen la azotea del mañana; no debemos detenernos en el ayer, lo que importa es lo que estamos haciendo para mejorar nuestro amanecer”, esa es la filosofía que le ha dejado la vida a la familia Gómez.
Las nuevas generaciones se han fundamentado en una ideología diferente, orientada a la superación personal para contribuir a una mejor sociedad.
“Bajo este aliciente se enjugan en su totalidad las tragedias y sinsabores vividos por la familia Gómez Castrillón, que a pesar de la extinción de su gran patriarca, se ampara bajo una enorme herencia de emprendimiento, superación y triunfos, en manos de sus hijos, nietos, sobrinos y demás familiares, que en la actualidad se ve reflejada a través de una rica gama de profesionales y empresarios en todas las áreas: medicina, política, economía, artes, cultura y demás especialidades”. Tomado de  la crónica ‘El Gavilán Mayor’, edición núm. 8 de la Revista Sendas. Autor: Juan Jacobo Obando
Es importante rescatar que Raúl Jacobo Gómez Castrillón fue un impulsor del desarrollo económico, social y cultural de Riohacha, aportes tan significativos como la estación de servicio Santa Teresa, la mejor de Colombia en su época, hoy concesionario Toyota.
Fue fundador de los barrios Boca grande, La Loma, Nogales y El Ranchería, además le regaló a varios de los actuales moradores la ‘tierrita’ para que tuviesen un lugar donde vivir.
También patrocinó y apoyó la cultura en Riohacha, contribuyendo en los campeonatos deportivos de la región, e igualmente fue promotor del único pesebre en vivo y dueño del primer conjunto residencial en Riohacha.
Tan importante fueron sus contribuciones a la cultura y el folclor de La Guajira, que hoy es recordado entre sus amigos, familiares y generaciones actuales, quienes le han homenajeado en diferentes ocasiones. En la actualidad se le rinde homenaje en la 17° versión del Festival de La Pajará.
“Era un ambiente sano e inundado de alegría. Así eran las parrandas realizadas por ‘El Gavilán’. Media Riohacha asistía y sabía que el objetivo de la reunión era disfrutar con la melodía de caja, guacharaca, acordeón”, dice jocosamente Euclides ‘Quille’ Redondo, presidente del festival.

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