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08 Nov

“El tormento tuyo soy yo”: entre ‘El gran circo’ de Mariana Niño y ‘El gran hermano’ de Orwell

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¿Qué relación podría haber entre, la antes anónima  y hoy tan mencionada y perseguida por los medios, María Niño y el visionario escritor George Orwell y  su best seller  ‘1984’,  una de las novelas más polémicas de finales del  Siglo XX e inicios del XXI?
Para muchos el video viral que ha puesto al país a reírse, escandalizarse o seguir con morbo una  historia de ‘cachos’, no pasa de ser una  de las miles de disputas entre ‘comblezas’ o una de las anécdotas macondianas de nuestros pueblos.
Si se mira solo el hecho sin extender la focalización hacia todo lo que ha generado algo tan común y corriente en los sectores populares del país, se puede pensar que es descabellado encontrar algún vínculo entre este video con su letanía de insultos y golpes de pecho y la obra que critica los regímenes totalitarios con sus medios de comunicación y  la falta de libertad individual.
Recordemos que con esta obra, George Orwell introdujo el concepto del ‘Gran Hermano’ mostrando al mundo hasta qué punto el ser humano se encuentra supeditado a controles fuera de su alcance. Publicó esta novela en 1949, tras el auge y declive de los estados totalitarios fascistas y nazis durante los años 30 y cuando aún permanecía vigente el férreo control de la URSS bajo el ideal comunista.
En el libro se presenta  un mundo dominado por pantallas que vigilan los movimientos de los ciudadanos, donde el partido es el gobierno y el dios supremo para toda la sociedad.
Un ojo que todo lo ve, al que nada se escapa y al que se pasa de temer a formar parte de la vida cotidiana, donde la costumbre hace normal la vigilancia extrema a la que son sometidos.
De allí surge el concepto del reality show ‘Gran Hermano’ que tanto éxito ha tenido en todo el mundo y es la misma fórmula del ‘panóptico’ o control visual de todos y de todo lo que hacen y dicen  mediante cámaras y audios, que usan la mayoría de programas de este tipo como ‘Protagonistas de novela’ en Colombia.
No olvidemos que panóptico también se les llama a las cárceles cuando se tiene control visual de todos los internos.
Estamos siendo vigilados
Es que asistimos a una tendencia creciente en la postmodernidad  de lo que algunos teóricos denominan la entronización de los modelos de ‘dataveillance ’: la sistemática vigilancia de los integrantes de una sociedad mediante sofisticados mecanismos de control y entrecruzamiento de datos, es decir la “sociedad dateada y vigilada”, en términos más coloquiales: “la sociedad pillada”.
Los espectaculares progresos de la tecnología de la información y las comunicaciones ofrecen a los Estados posibilidades de vigilancia que parecen hacer realidad las profecías más osadas de la ciencia ficción como las que se describen en ‘1984’.
Impulsados por la preocupación y la paranoia que sembraron los ataques terroristas en Occidente, los dispositivos de control se multiplican en EE.UU. y en Europa. Prometen mayor seguridad, pero, a cambio, invaden cada vez más la privacidad del ciudadano. El riesgo de que el mundo se convierta en un ‘Gran Hermano’ global y un debate caliente sobre los límites de la intromisión en la vida de las personas está latente: satélites, cámaras por doquier, drones, bases de datos, chuzadas, hackeo agenciado por el Estado o los privados, infiltración de redes sociales que dan cuenta de riesgos potenciales pero también de lo íntimo.
El sociólogo Luis Alberto Quevedo ha sostenido  que: “No hay duda de que avanzamos hacia modelos de mayor control ciudadano”.  Se parte del principio que somos una  sociedad atemorizada, muchos están dispuestos a perder una cuota de libertad si ese es el precio de la seguridad, todo – o casi todo – puede caer bajo la mirada del moderno ‘Gran Hermano’.
Para dar un caso concreto, tenemos a Gran Bretaña, la sociedad más vigilada de Europa y una de las más controladas del planeta, según los datos de 2007 de Privacy International.
Se calcula que el londinense promedio es registrado unas 300 veces por día por las cámaras de seguridad. Hay 4,2 millones de cámaras en todo el país, una por cada 14 habitantes, según datos de la organización de defensa de los derechos civiles Liberty.
Ya nada es privado
Por otra parte, discutir la política de los medios se volvió parte del debate sobre la vida de la ciudad y la sociedad contemporánea: ¿nos empujan inexorablemente las tecnologías audiovisuales a la espectacularización de lo   doméstico, al  borrado  de la distancia entre lo íntimo y  lo público?
De un momento a otro las peleas callejeras, de  borrachos o robos de tienda  dejaron de ser algo doméstico para convertirse en noticia en la televisión y el video que como un virus (de allí lo de viral) se propague en el espacio virtual con miles y millones de visitas.
En este marco entra el otro ‘Pequeño Hermano’, no es el Estado sino el ciudadano de a pie que ‘armado’ con su celular, con la cámara casera o la que instala para proteger su negocio de los ladrones, termina también ‘pillando’  lo sublime y lo ridículo, lo normal y lo bizarro.
Estas cámaras pueden ejercer una labor éticamente responsable si ayudan a prevenir o castigar un delito o una acción reprochable; cada quien en un momento asume una posición comprometida de denunciante y graba a un policía en acto de corrupción, un conductor que hace una maniobra irresponsable, un padre que maltrata a un niño o un caso de intolerancia.
Pero es el mismo quien pone a circular la imagen de un cuerpo que quedó con masa encefálica expuesta luego de ser arrollado por un carro, calcinado   luego de un accidente de tránsito o una mujer  ‘encuerada’ tras una pelea ‘por tripa’.
¿Quién la grabó?
Quien grabó a María Niño quiso ponerla en evidencia por la grotesca forma de dirimir sus disputas, en este caso el ‘Pequeño Hermano’ quiso convertirse en el ojo que denuncia, que controla, que hace censura de la moral.
Cada uno de nosotros en cierto momento somos ese ‘Hermano’ que graba para publicitar y hacer visible lo que consideramos inapropiado.
Hoy, aún en esos inhóspitos meandros de la zona ribereña del Caribe colombiano se pone en evidencia que estamos en una sociedad vigilada, acechada por las cámaras que como el ojo omnisciente, son capaces de la ubicuidad y de registrar  cada detalle de un desliz, cada improperio de un rifirrafe, cada trompada de una agresión.
Hoy en Colombia hay más celulares que habitantes, la mayoría de los cuales cuentan con una infalible y oportuna  cámara   dispuesta a lo eventual, a lo contingente, a lo dramático.
No solo son las cámaras de los celulares, las ciudades cada día están siendo sembradas de cámaras que registran  los accidentes, los robos, los borrachos al volante, pero también el beso que un colegial se robó, el perro que mea el poste de la esquina para marcar territorio y el resbalón de la abuelita en el charco del último aguacero.
Somos una sociedad vigilada, grabada, ‘pillada’ in fraganti o  ‘cacheada’ como dicen los mexicanos.

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