27 Feb

Tras las huellas del pasado de los padres capuchinos en La Guajira

Vota este articulo
(0 votos)
La historia de los capuchinos en La Guajira se está escribiendo. Comenzó en el siglo XVII marcada por el entusiasmo, entrega y dedicación por crear instituciones educativas bajo el modelo pedagógico de Fray Luis Amigó y Ferrer, la evangelización y el apoyo a proyectos productivos orientados a un mejor nivel de vida bajo su lema de paz y bien.
Su máxima figura y ejemplo a seguir es San Francisco de Asís, quien fundó la Orden de los Hermanos Menores en el siglo XVI.
Los capuchinos son una de las ramas de esa Orden y hoy se encuentran en 103 países del mundo.
Su presencia en Colombia fue interrumpida cuando después de los años que siguieron a la revolución de 1810 fueron expulsados en 1818, y 70 años después, mediante un convenio firmado con Roma, regresaron.
El Vicariato Apostólico de La Guajira, Sierra Nevada y Motilones se separó de la Diócesis de Santa Marta en 1905. A partir de este acto administrativo llegaron a Riohacha los obispos capuchinos monseñores Atanasio Soler y Royo; Bienvenido Alcaide y Hueso;  Vicente Roig y Villalba;  Eusebio Septimio Mari y Livio Reginaldo Fishione.
Ese mismo año en Riohacha las hermanas Terciarias Capuchinas fundan, con 65 alumnas, el colegio La Sagrada Familia, y en 1916 el colegio La Divina Pastora, instituciones educativas que, junto con el Liceo Nacional Almirante Padilla, se han convertido en planteles emblemáticos de la capital guajira.
Tras las huellas de sus antepasados
Con motivo de celebrarse los 25 años de la creación de la Provincia de Colombia, se llevó a cabo un encuentro en Bogotá en el que hizo presencia el sacerdote Carmine Ranieri, capuchino italiano, Provincial de L´Aquila, que es la capital romana de la provincia de Abruzos.
Cumplida la reunión, el Provincial se trasladó a Riohacha y llegó en compañía de Simone Calvarese, sacerdote consejero   y Emilio Cuchiella, sacerdote capuchino. Les acompañó además el padre Ricardo Cubillos, párroco de la capilla de la Divina Pastora.
El joven sacerdote  Carmine Ranieri llegó a Riohacha tras las huellas de sus antepasados italianos y en su recorrido el máximo guía fue el experimentado padre Emilio, quien dedicó 25 años de su vida (entre 1962 y 1987) a recorrer La Guajira fundando escuelas, colegios, puestos de salud y construyendo carreteras.
Con un gran sentido del humor, el padre Emilio narra los acontecimientos de su vida en tierras guajiras en donde además de sacerdote y sanador de almas, hizo de constructor, albañil, mecánico, agricultor, pintor, y hasta cirujano a más de un consumado jinete que recorrió a caballo por más de 20 mil kilómetros entre la Alta y Media Guajira.
Revela que a su llegada a Riohacha le dio vida a la escuela de Villa Fátima en una pequeña construcción de barro y bahareque.
En cumplimiento de sus labores evangélicas fue trasladado a Maicao en donde permaneció 3 años y fundó una escuela primaria y sentó las bases del colegio San José.
De allí pasó a Carraipía en donde fundó la escuela y un puesto de salud. Recorrió Cuestecitas, Albania y la Serranía del Perijá, creando escuelas para los niños indígenas y afrodescendientes.
En el corregimiento de Tomarrazón creó la escuela de primaria y atravesó el territorio a caballo llegando a Dibulla pasando por la Punta de los Remedios. Sentó la infraestructura para la iglesia de río Ancho y puso en funcionamiento un jardín infantil que estaría dentro de los primeros creados en Colombia. Levantó la iglesia de Palomino y creó el primer colegio para albergar niños en San Antonio de la Sierra.
Con humor y nostalgia el padre Emilio recuerda que los nativos de la Sierra llegaban a preguntarle: ¿si yo te mando el niño a la escuela tú cuánto me pagas? O la oportunidad en la que le tocó ser cirujano y coserle el vientre a un nativo borracho que había sido corneado por un toro y cuenta: “ese hombre estaba tan borracho que ni cuenta se dio cuando lo cosí, y lo mejor fue que se salvó”.
Una leyenda viva
Una leyenda viva de los capuchinos italianos que han llegado a tierras guajiras es el padre Marcelo Graziosi, quien regentó por muchos años el internado de Aremasaín y llegó a ser rector de la Universidad de La Guajira. Hoy el padre Marcelo está residenciado en Italia por quebrantos de salud. Grato recuerdo es que una institución educativa creada por él lleva su nombre.
Y están frescos los recuerdos de estos hombres que como Tarcisio Dimeo, el padre Miguel y el padre Donato entregaron su vida por su fe.
Hoy en Riohacha orientan a la feligresía de la Divina Pastora los padres capuchinos Evaristo Acosta, guajiro nacido en Monguí; y Ricardo Cubillos, en Cundinamarca. Ellos hacen que la historia de los capuchinos en La Guajira se siga escribiendo.
ir arriba