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23 Dic

Iván Villazón y ‘Chiche’ Martínez se fueron a las trompadas por recibir dólares falsos

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Por Álvaro Molina Silva, ‘Chamorrito’.
Iván Villazón y Raúl ‘Chiche’ Martínez hicieron historia porque ambos lucharon y consiguieron su espacio en el mapa de este folclor. Hasta entonces el tenor había ganado su reconocimiento con lujo de detalles al lado de ‘Pangue’ Maestre, ‘Fellin’ Gámez y muchas interpretaciones que suman en el gusto de los críticos y mal llamados folcloristas o folclorólogos. ‘Chiche’ Martínez,  por su parte, hizo un trabajo con el maestro Jorge Oñate que ni los más despistados han podido olvidar debido a su excelencia y responsabilidad musical.
Qué tristeza verlos discutir por bobadas y circunstancias impropias de dos artistas que vendieron su imagen sin regresar las vueltas y a un precio por encima de las expectativas.
Sucedió entonces que cualquier día fuimos contratados para un matrimonio en Cartagena. Iván era el responsable del contrato y por supuesto el encargado de arreglar lo atinente a esa presentación. Parece que esa noche por tratarse de un baile para un hombre negocios oscuros, le tocó recibir el pago de sus honorarios en dólares. A nosotros nos pagaron en pesos, pero a ‘Chiche’ le tocó recibir en moneda extranjera sin reparo, más porque le parecía que de esa manera podía empezar a pensar en hacer negocios con algunos amigos encumbrados que ya le habían hecho algunas propuestas indecentes y le hicieron sonar la flauta.
Contento se le veía al ‘Chiche’ con sus verdes a bordo, haciendo planes de otro planeta, con la sorpresa que cuando le tocó utilizarlos encontró que estaban falsos. Ya se imaginarán ustedes tamaña desilusión y descontento con Iván Villazón de quien fui testigo recibió los billetes.
‘Chiche’ Martínez que por inteligente huye a los problemas, en vez de vociferar con Iván, optó por guardarlos en silencio y esperar una buena oportunidad para resolver el detalle. No pasaron diez días cuando aparece un amigo de ‘Chiche’ solicitando los servicios del conjunto, situación precisa para saldar cuentas.
Arenal, Bolívar, el sitio dispuesto por el destino para el desquite. ‘Chiche’ cobró su dinero como tenía que ser y era su responsabilidad; con nosotros en el bus, Iván Villazón esperaba que ‘El Chiche’ apareciera con el dinero de su pago, como era costumbre dependiendo de quien firmara el contrato a falta de un representante serio y honesto.
“Primo, Iván”, dijo ‘Chiche’ al subir al bus, llamando su atención con un manojo de billetes verdes que traía en las manos para el cumplimiento de sus honorarios. “Aja primo y usted por qué me va a pagar con dólares si hoy el pago fue con moneda nacional? No, señor”, replicó de nuevo, resistido a recibirlos. “A mí me paga en efectivo y en moneda nacional, ¡no me crea tan pendejo!”, refunfuñaba airado. “Respéteme, por favor, que yo a usted le he tratado con mucha consideración. No, señor!”, repetía enfadado… palabras gruesas.
“Pero, primo, cuál es su molestia”, contrapunteó Chiche, “si estos son los mismos billetes con que usted me pagó en Cartagena la semana pasada y pensando que como a usted le quedó una buena cantidad y lo veo planificando negocios grandes, no veo nada mejor para usted que hoy me los reciba sin problema, sabiendo, además, que son unos buenos billetes”, a lo que Iván sin titubear respondió: “Vea, primo, si eso son los de Cartagena, busque qué hacer con ellos porque yo de dólares estoy hasta la coronilla”.
Acto seguido, en un abrir y cerrar de ojos, los dos estaban de manos a dos metros del río Magdalena arreglando a las muñecas lo que no pudo la razón. Jamás vi tantas trompadas en el aire sin destino, es que tan talentosos nacieron para la música y no para el boxeo. Cuando estaban enfrentados con disposición de matarse, corrí para el río a llenar un balde de agua para lanzárselos encima, de ser necesario para evitar una desgracia, pero más bien en medio de tanta chambonería y tanta oscuridad lo que hice fue  sofocarlos con arena para que se calentaran y arreglaran de una vez por todas tanto bochinche y tanta presión con que ya salíamos cada fin de semana de Valledupar.
Ni se rozaron siquiera, lo que sí se constituyó en un misterio fue un ojo ‘colombiano’ con que amaneció Iván Villazón, quien al preguntársele respondió que en uno de esos cruces con que se le afincaba al ‘Chiche’ se había conectado él mismo; menos mal, porque, de ser como pensamos todos, todavía estuviéramos festejando que ‘Chiche’ hubiera podido marcar territorio en un terreno poco fértil para su tranquilidad con los frecuentes reparos con que Iván y Lacera desacreditaban su buen toque y habilidad.
Y se separaron después de otros pasones que fueron apareciendo cada vez que había un arreglo de billete por delante, por pequeña que fuera la suma; mientras tanto ahí están para los amantes de este vallenato del alma esas hermosas páginas que lograron consagrarse como clásicos en la historia universal de este folclor.
Hoy, dando lidia cada cual por su lado, cuando se encuentran, se abrazan en acopio de un inmenso cariño, recordando lo bueno y olvidando lo malo, asistiendo en mí la satisfacción de haber dejado en ellos un pedacito de mi corazón.

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